Florentino y el negocio de los héroes

Cuando las condiciones no acompañan, las grandes esperanzas, como Isco y Asensio, son las primeras víctimas

Tiempo de cambios

El Madrid quiere salir de la crisis haciéndose un lifting, y esta semana la idea se prestigió con las potentes actuaciones de Vinicius (18 años) ante la Real Sociedad y el Leganés y la ostentosa presentación de Brahim Díaz (19 años) en el Palco del Bernabéu. Florentino llegó al Real Madrid con una firme visión sobre la industria. “El fútbol es un negocio de héroes”, repetía. Cuando Kaká tenía 20 años renunció a ficharlo por 12 millones. Prefirió pagar 60 millones cuando, seis años después, ya había levantando el Balón de Oro. La estrategia hablaba del poderío del Madrid. La relación de fuerza del mercado cambió y con ella, Florentino, entregado hoy a la búsqueda de los jóvenes Kakás del mundo entero. La idea es buena; el momento, no. Estos indiscutibles talentos necesitarán una protección que hoy el Madrid no les puede ofrecer. Cuando las condiciones no acompañan, las grandes esperanzas, como Isco y Asensio, son las primeras víctimas.

Madurar en tierra fértil

Hay verdades que sobreviven al paso del tiempo, por ejemplo, que las incorporaciones hay que hacerlas en los momentos de triunfo. Si estos jóvenes talentos hubieran llegado cuando Cristiano se hacía cargo de los goles, Marcelo de la aventura, Modric del liderazgo futbolístico y Sergio Ramos del liderazgo espiritual, la adaptación se hubiera producido bajo un paraguas natural donde tendrían la oportunidad de acompañar, y no la obligación de desequilibrar para recuperar la competitividad perdida. Ahora el equipo está debilitado y el liderazgo también, hasta el punto de que permanece vacante la condición de ídolo absoluto que le pertenecía a Cristiano. Ese vacío de dimensiones estratosféricas es una gran oportunidad para los prodigios que están llegando, pero el tamaño del problema genera una electrificación ambiental que, en un club como el Madrid, no suele ser apta para menores.

Un nuevo tipo de ‘cracks’

Las grandes figuras no quieren correr por la misma razón que los ricos no quieren pagar impuestos: no lo creen justo. Así como los gobernantes empujan a los ricos hacia una solidaridad distributiva, los entrenadores deben convencer a las figuras para que muevan el culo un poco más. Cuesta en los dos casos. ¿Cuánto debe correr un crack? Las maravillas futbolísticas se hacen mejor estando descansado y eso contesta la pregunta. Pero se me ocurre una más: ¿Cuánta excelencia tiene que generar un crack, para ser considerado un crack? Estas preguntas me resultan innecesarias observando a Griezmann. Un delantero de toda la cancha que juega y hace jugar, genera ocasiones, marca goles y, además, cumple con las obligaciones con la obediencia de un soldado. Un soldado del General Simeone, nada menos.

Contar con los dedos… del pie

El genio futbolístico es un matemático que no tiene que saber contar. Recibe un balón al tiempo que su vista de águila descubre una oportunidad a 30 metros. Es un compañero que arrancó hacia la portería contraria ganándole la posición a su marcador. El balón deberá caerle delante para defender la ventaja que tiene ganada, pero no demasiado para no darle al portero la oportunidad de salir del arco e interceptar la acción. Un prodigio de precisión y un milagro de medición que coordina varias velocidades (la del balón, la del compañero, la del defensor, la del portero, la de la línea del fuera de juego…) en un terreno limitado. Lo que el cerebro no podría resolver con papel y lápiz, lo hace la inspiración a la velocidad del rayo y acompaña el pie en un acto reflejo. Quien no se asombre ante esta mágica resolución no sabe nada de seres humanos ni de fútbol ni del poder de la adivinación ni de matemáticas. Ni tampoco de Messi.

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