El Manchester City se levanta y gana al Schalke con un jugador menos

El equipo de Guardiola remonta en casa del Schalke 04 con dos goles al final del partido cuando jugaba en inferioridad numérica por expulsión de Otamendi

Todo lo que pasó en Gelsenkirchen tiene que ver con el carácter insondable del fútbol, donde lo que parece celeste de pronto se convierte en azulón sin que nadie sepa explicar el motivo. Y cuando se veía azulón viró a celeste. Porque el Manchester City tenía controlado el partido, lo ganaba y lo tiranizaba con una serie de valores a los que el Schalke no podía ni aspirar. Ni a tener el balón, ni a la asociación para moverlo, ni al plan para recuperarlo, ni mucho menos al talento para que todo eso mezclase. En siete minutos, justo antes del descanso, todo cambió. Llegaron dos penaltis y se voltearon el marcador y las expectativas. El Manchester City, al que aún se espera en la nobleza europea, pareció entonces derrotado, pero regresó con dos goles postreros y se marchó ganador hacia un partido de vuelta que debería ser un trámite ante un rival que ya no podrá especular con el marcador.

La decisión del partido tuvo miga. En especial el primer penalti. Para empezar porque los árbitros españoles, con Del Cerro al silbato y Hernández Hernández y Martínez Munuera en el VAR, necesitaron un largo conciliábulo para tomar una decisión entre el estupor generalizado. Un remate de Caligiuri había golpeado en el brazo de Otamendi y todo acabó en los once metros, en el primer penalti que se señala con el videoarbitraje en la Liga de Campeones. Pero la jugada invita a pensar si no fue sobre arbitrada porque la pelota golpeó al central argentino justo cuando trataba de retirar el brazo, que además no partía de una posición antinatural sino de una postura normal en un defensor. No siempre se pitó infracción en ese tipo de acciones, pero igual el VAR invita a no tolerarlas porque son tan involuntarias, e incluso inevitables, como groseras.

El caso es que empató Bentaleb, que puso en ventaja a su equipo poco después al transformar otro penalti que pareció mucho más claro, por agarrón de Fernandinho a Salif Sané. Ambos pasajes no solo se saldaron con un revolcón al partido de ida sino también al de vuelta porque tanto el brasileño como el argentino vieron tarjeta amarilla y en ese momento ya supieron que debían cumplir suspensión el próximo 12 de marzo.

El Schalke se había pegado un tiro en el pie cuando apenas superado el cuarto de hora quiso hacer de City y armó una catástrofe en una salida de balón. David Silva les limpió la pelota y habilitó a Agüero para marcar. Mal asunto para un equipo que se había construído para contener, con una línea de cinco y otra de cuatro por delante. Nada le resultó en ese inicio muy complicado al equipo de Guardiola, que encontró juego entre líneas y salió de atrás con nitidez, bien conducido por Fernandinho, que navegó en una posición entre el centro del campo y la zaga.

Pero al descanso el City estaba peor que al inicio. Y en el regreso no acabó de encontrar el mismo ritmo de balón que en algunos pasajes de la primera parte. Tampoco le favoreció el estado del césped, lamentable para la competición más estelar. El Schalke se rearmó, el equipo de los mineros se convirtió en mina y obligó a su lustroso rival a picar piedra. Se adocenó el City y se acomodó el Schalke, que creyó explotar sus bazas como el mejor de los tahures y mediada la segunda parte supo buscar la segunda tarjeta amarilla de Otamendi, al que le faltó templanza para gestionar un pelotazo que recibió Burgstaller de espalda a la portería, orillado y a cincuenta metros de la portería de Ederson. Simplemente lo bajó al piso con una patada y abrió un escenario aún más complicado para el City, que tapó la ausencia del central alistando a Kompany en el lugar de David Silva.

Con poco más de veinte minutos por delante, el Schalke tenía que sobrevivir encerrado ante un rival obtuso que además tenía un jugador menos. El triunfo era una inesperada fiesta para un equipo muy inferior, que incluso se permitió el lujo de defenderse con balón como no lo había hecho hasta entonces. Hasta que primero llegó Leroy Sané, un canterano forjado en el Schalke 04, para embocar un libre directo extraordinario. Y después Sterling aprovechó un roto de la zaga para darle al City un triunfo que le refuerza en un partido que parecía que iba a debilitarle. Todo fue muy complicado de entender. Le llaman fútbol.

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